Electrocirugía, una técnica cada vez más utilizada

Los bisturíses eléctricos transforman la energía eléctrica de la red (corriente alterna de alta frecuencia) en calor por la resistencia de los tejidos al paso de la corriente.

Según la longitud de onda de la corriente se consiguen diferentes aplicaciones: destruir lesiones superficiales (electrodesecación), realizar hemostasia de tejidos sangrantes (electrocoagulación) y cortar lesiones sobreelevadas o pediculadas en la superficie cutánea (electrosección).

Para la cirugía cutánea se emplean aparatos monopolares que disponen de un electrodo terapéutico (mango con cabezales intercambiables) y de un electrodo de dispersión (placa) que, colocada en alguna zona distante del cuerpo del paciente, cierra el circuito.

Todos los modelos tienen un selector de frecuencia, que modifica la onda para producir las distintas modalidades de terapia y un selector de intensidad de corriente para regular el efecto producido.

La electrodesecación se realiza con un electrodo amplio (en forma de bola) con el que se recorre la superficie de la lesión lentamente sin presionar produciendo un daño muy superficial en los tejidos.

Cuando la lesión burbujea o cambia de color, se elimina frotando el tejido necrosado con una gasa. Se realizan curas húmedas hasta la reepitelización de la zona sin secuelas.

Esta técnica no debe utilizarse si existen dudas sobre la naturaleza de la lesión a destruir, ya que no se obtiene ninguna muestra de tejido para analizar. La electrosección se realiza con electrodos en forma de asa o aguja con los que se corta el cuello de la lesión.

La electrocoagulación de vasos sangrantes es la técnica más cómoda y eficaz de hemostasia quirúrgica. Sólo este uso justificaría la disponibilidad de un bisturí eléctrico en todo centro donde se realice rutinariamente cirugía menor.

La forma correcta de detener el sangrado es la coagulación indirecta del punto sangrante aplicando la corriente a través de la punta fina de una pinza de Adson o de un mosquito, destruyendo muy selectivamente el lecho quirúrgico para no interferir en la cicatrización normal.

En ausencia de electrobisturí, pueden termocoagularse pequeños puntos sangrantes con electrocauterios de muy bajo coste (incluso desechables y a pilas). Estos instrumentos producen un quemado hístico mediante una resistencia de alta temperatura (hasta 1.200 °C).

El uso del bisturí eléctrico exige un adecuado conocimiento de las especificaciones técnicas y rutinas de uso del modelo disponible para evitar ciertos riesgos: no emplear antisépticos combustibles en el paciente, retirar todo objeto metálico en contacto con su piel, el médico y su ayudante deben utilizar guantes intactos durante el procedimiento, evitar la inhalación de humos potencialmente infecciosos usando mascarilla y asesorarse de los riesgos específicos antes de su uso en pacientes portadores de marcapasos (según el modelo).